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Reflexiones, consejos y recomendaciones para ejercer la profesión de consultor

El documento versus el sistema, la diferencia de producto tangible entre el consultor y el informático

Motivada a escribir tras leer el post “Mas consultor, menos informático: el cliente te lo agradece” publicado por Marcelo Veiga, paso a compartir con vosotros mi punto de vista como informático, tras vivir la experiencia de participar tanto en proyectos tecnológicos como en proyectos de consultoría de negocio.

He trabajado durante más de 15 años en multinacionales de consultoría y sistemas de información liderando, diseñando e implantando proyectos tecnológicos; o mejor dicho, vinculados a dar solución a problemas del cliente basados en la implantación de sistemas de información de distinta índole. Desde desarrollo de software a medida a implantación de productos estándares varios: ERPs o de gestión empresarial, CRMs o de gestión de relación con clientes, sistemas de gestión documental que han evolucionado a gestión de contenidos y gestión del conocimiento, herramientas de análisis de información, etc. Como la mayoría de los informáticos tras acabar la carrera empece mi actividad profesional programando. He desarrollado mi trayectoria profesional pasando por distintas áreas, actividades y entornos, que ahora no viene al caso explicar. Sin embargo, los últimos 6 años, he trabajado en proyectos de consultoría. Pase a formar parte de un equipo en un área de reciente creación cuyo objetivo era el desarrollo de consultoría de negocio en la compañía. Gestionando tanto  la venta como la implantación de proyectos de consultoría de negocio, no vinculados directamente a  la tecnología. A partir de ese momento, inicie el desarrollo de la práctica como consultor en proyectos para clientes externos (clientes de la empresa) y proyectos internos (dentro de la compañía). Dos visiones de un mismo modelo de trabajo que tienen ciertas particularidades.

Como pasar de una visión tecnológica a consultiva aportando valor al negocio del cliente sin la implantación de sistemas o herramientas de mejora? Qué diferencia había entre los proyectos del consultor y los proyectos del informático?

Para mí, ya era habitual trabajar por proyectos (con un inicio y una final, un objetivo a lograr en un plazo de tiempo determinado con unos recursos específicos), trabajar con equipos multidisciplinares (del cliente y de la compañía con distintos perfiles y niveles jerárquicos). Mantener reuniones con el cliente bien fuera para realizar una toma de requerimientos, presentar el estado de situación de un proyecto en las reuniones de seguimiento o elaborar propuestas de soluciones tecnológicas durante el proceso de venta. En principio, el proceso y el desarrollo de actividad en los proyectos parecían muy similares. Cual era la gran diferencia en la naturaleza de los proyectos de ahora?

Tras reflexionarlo, concluyo: la diferencia fundamental que impacta en el objetivo final y el desarrollo de la actividad del equipo en los proyectos de consultoría y proyectos tecnológicos, es el producto final tangible, el documento versus el sistema. En los proyectos de consultoría, el producto final tangible es uno o varios documentos. En el caso de proyectos tecnológicos el producto final está directamente vinculado a la implantación de un sistema, herramienta, aplicación o tecnología.

En los proyectos de consultoría, el producto final del proyecto que se entrega al cliente es un documento. Este puede corresponder al estudio de un mercado, el diagnóstico de una situación, el diseño de una solución,  un plan de acción de mejoras identificadas o recomendaciones, etc…pero al fin y al cabo un documento o varios de ellos. Este elemento siempre se ha mantenido constante y obligatorio en todos los proyectos en los que he participado (tanto si se trataba del análisis y mejora de un proceso de trabajo, la definición de un nuevo modelo de relación o gobierno entre compañías, la elaboración de un plan estratégico o un estudio de mercado). En todos los casos, el producto final que he entregado al cliente ha sido un documento. Esto conlleva una serie de consecuencias vinculadas a la elaboración del producto final en sí mismo como a la naturaleza intrínseca del trabajo que realiza el consultor.

Dado que el producto final entregado al cliente como resultado del proyecto es el documento, ahora éste adquiere una serie de características propias imprescindibles y relevantes a considerar en relación a elementos como: el diseño, la imagen y aspecto visual del documento, la estructuración del contenido, la existencia de un hilo argumental, la comprensión y claridad del mensaje, la homogeneidad de formato, etc… Por ello en las consultoras existen estándares rigurosos en cuanto a todos estos elementos mencionados, en muchas ocasiones incluidos en el manual de aplicación de la imagen corporativa, atribuyendo y consolidando la propia imagen de la consultora.

En relación a la naturaleza de las actividades que realiza el consultor, éste ahora tiene que dominar una serie de habilidades necesarias para el desarrollo del proyecto como son: la comunicación, la organización de ideas, la creatividad para ofrecer soluciones, el pensamiento crítico vinculado a la realización de actividades de análisis, etc.. Ahora el consultor es quien elabora el documento, lo presenta en una reunión y lo defiende frente al cliente.

En el caso de la implantación de proyectos tecnológicos, en los que habitualmente trabajamos los informáticos, aunque habría que matizar la diferencia entre la especialización y diversidad de procedencia hardware” o software”, el caso es diferente.

El producto final tangible es la implantación de un sistema, aplicación, herramienta, etc. Si el sistema falla o no funciona bien, aunque los usuarios hayan sido formados, sepan utilizar la herramienta y satisfaga sus requerimientos, el proyecto rápidamente se apoda como “un fracaso”. En cambio, si se da el caso en que el sistema funciona perfectamente, de forma rápida y con total disponibilidad, aunque el usuario no sepa utilizarlo adecuadamente, no corresponda a lo que él quería o bien lo conozca parcialmente o no lo conozca, el proyecto por norma general se considera que “finaliza exitosamente” y que los usuarios tienen que adaptarse al funcionamiento de la nueva herramienta.

La multitud de actividades que desarrolla un informático en estos proyectos, están vinculadas mayoritariamente al propio sistema: desde el diseño de la arquitectura de la plataforma, definición de los requerimientos del usuario durante la fase de análisis, instalación física del sistema, parametrización o adaptación de la herramienta, realización de pruebas de usuario, pruebas de rendimiento del sistema o test de estrés, etc….

El producto final tangible en ambos tipos de proyectos: “de consultoría” y “tecnológicos” es muy diferente. Hecho que impacta tanto en el objetivo final del proyecto como en la naturaleza del trabajo que desarrolla el equipo.

Dos mundos y perfiles en apariencia tan alejados, el consultor (procedente del latín consultus que significa “asesoramiento”) y el informático (proveniente del alemán informatik, contracción de las palabras information y automatic), que comparten el proyecto como  modelo de trabajo y tienen tantos elementos en común. De hecho, es habitual realizar la transición de informático a consultor, que extrañamente se produce al revés. Personalmente, todavía no he conocido ningún consultor que se haya transformado en tecnólogo, aunque cada vez utilizan más la tecnología. Por otra parte, cabe destacar que el gran volumen de negocio del mercado de la consultoría en España procede de consultoras tecnológicas según el informe anual publicado por la AEC. Parece claro que ambos mundos están estrechamente relacionados. Aunque el producto tangible final de ambos tipos de proyectos es una diferencia fundamental, no es la única.

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