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Reflexiones, consejos y recomendaciones para ejercer la profesión de consultor

Compartiendo tu proyecto en un espacio de coworking

En estos últimos años hemos visto un aumento importante en el número de espacios de coworking en nuestro entorno. Esta forma interesante de construir un ambiente laboral alternativo a las oficinas tradicionales, parece perfectamente alineada con la moda de la iniciativa emprendedora y la cultura “start-up”. Un efecto posiblemente multiplicado por la combinación de dos factores adicionales: los espacios vacíos creados por la crisis inmobiliaria y los despidos masivos, privando a las personas de su espacio de trabajo pagado por “cuenta ajena”.

Es una experiencia curiosa, ver a los espacios diáfanos llenos de mesas en las que personas trabajan lado a lado en profesiones y empresas completamente diferentes. Muy distante de la experiencia tradicional de tener al lado compañeros del mismo departamento, o del equipo de un proyecto. Aquí está cada uno centrado en su tema, compartiendo tan solo las anécdotas del fin de semana en el momento del café. Un poco de socialización, para contrarrestar el creciente individualismo que observamos en nuestra sociedad.

En principio, la fórmula obedece a un concepto pragmático que dirige nuestras vidas: cada uno es responsable de su propio destino. Eres un héroe si tienes éxito, y el principal culpable si no consigues superar las barreras que encuentras en tu camino. Sumamos también las consecuencias duras en el ámbito personal del neo-liberalismo que estamos viviendo. Parece que cada persona debe ser un emprendedor de éxito, si quiere sobrevivir. Todos podemos “inventar nuestro propio trabajo”. Y como no podemos hacer de todo, entra en escena el otro mensaje de moda: la necesidad de colaborar. Y de aquí deducimos uno de los argumentos más fuertes del espacio de coworking, la cercanía a otras personas con capacidades complementarias, una reserva potencial de colaboradores.

Sin embargo, ¿cómo promover una colaboración real con tanta presión sobre los resultados individuales? La colaboración exige dedicación, como mínimo, de tiempo y atención a los temas de nuestros vecinos. Y para un profesional independiente, el coste de oportunidad de dedicar su tiempo sin una perspectiva de retorno inmediato puede ser prohibitivo. En mi opinión, esta es una barrera muy difícil de superar para promover un cambio verdadero en la forma de trabajar. Escuchamos cada día más las virtudes de la co-creación, de la co-innovación y de la colaboración, pero poco se habla de las dificultades prácticas de crear un equipo de trabajo, motivado, sin una forma clara de retribuir el tiempo dedicado y el valor aportado.

Colaborar con altruismo no es fácil. En este sentido, cuando entro en un espacio así, siento una cierta tristeza por la forma en que nos venden este nuevo modelo de trabajo. En un ambiente que parece tan social, y que me trae recuerdos de las muchas oficinas que he conocido en mi carrera como empleado y consultor, casi no hay compañeros. Son casi todos autónomos, muchos con sus pequeñas empresas personales, intentando espabilarse para poder seguir pagando por su derecho a compartir mesa con otros en la misma situación. Por ello, aunque veo el beneficio de salir de casa y poder estar en un entorno colectivo, no consigo evitar sentir una cierta nostalgia de los tiempos en que todos trabajaban para la misma empresa.

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