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Reflexiones, consejos y recomendaciones para ejercer la profesión de consultor

De empleado a consultor: una transición muy válida

¿Consultoría? No era lo que había pensado, no quería ser consultor. Pero era la oportunidad de venir a vivir en España. Después de seis años en Alemania construyendo una carrera “de futuro” en una empresa industrial sólida, tocaba empezar de nuevo. Una decisión fácil en el ámbito personal, un cambio difícil en el campo profesional. Bastante difícil.

La venta del proyecto de implantación de un plan estratégico industrial había creado la necesidad, y la consultora Roland Berger buscaba un consultor con experiencia en la mejora operativa de fábricas. Era un encaje casi perfecto para mí. No me faltaban conocimientos técnicos, los conceptos del “lean manufacturing” me parecían claros y había participado y liderado varios proyectos en nuestras fábricas. Así, ilusionado por poder vivir más cerca del Mediterráneo, empecé mi carrera en la consultoría tras nueve años de experiencia en I+D y producción.

Fue una transición curiosa para alguien que había sido muy contrario a la utilización de consultores externos. Les veía como mis competidores, ya que lideraba un grupo de ingenieros dedicados a proyectos internos de mejora. Ahora me había pasado al otro lado de la mesa, opinando en la fábrica “de otros” y abrazando la consultoría como mi profesión. Y me di cuenta de que para ayudar a las empresas desde fuera era necesario más que el conocimiento técnico y la experiencia funcional.

El primer día, el jefe del proyecto me pide preparar el documento de base para la reunión de seguimiento del proyecto, con dos días de antelación. Interesante. No sabía qué era una reunión de seguimiento, desconocía el alcance real del proyecto, no tenía experiencia en el sector del cliente, ni sabía escribir en español.

Fue el momento de hacer la transición final de ingeniero de proyectos a consultor profesional. Y había mucho que aprender: cómo estructurar el diagnóstico; cómo conseguir y procesar la información en entrevistas; cómo ajustar los modelos generales de solución al caso concreto de cada fábrica; cómo elaborar y presentar un informe de resultados cada 15 días; y muchos otros temas. Todo en poco tiempo, y bajo un nivel muy alto de presión y expectativa.

Mi suerte ha sido poder enfrentar estas primeras barreras en una consultora tan seria como Berger, con un equipo realmente admirable. Había mucha documentación y un amplio catálogo de cursos internos en Alemania, cubriendo los diferentes aspectos de la profesión. Cuando de una forma u otra conseguí superar la fase inicial, pasé a ser mucho más efectivo a la hora de aportar conocimientos y ayudar a mis clientes. Un proceso de aprendizaje, como es normal en cualquier profesión.

Debido a esta experiencia personal, siempre pido a los nuevos consultores dedicar especial atención al aprendizaje de los elementos específicos de la profesión. En el entorno económico actual, esto incluye a muchos profesionales en situación de transición que contemplan dedicarse a la consultoría, como asesores independientes, creando su propia empresa, o integrándose en una firma de servicios profesionales. Después de una carrera en la empresa tradicional, adquiriendo mucha experiencia funcional y sectorial, ofrecer servicios de apoyo a proyectos es una forma muy interesante de generar ingresos y contribuir al desarrollo de las empresas locales.

No obstante, la falta de experiencia en la profesión puede representar una dificultad importante para el profesional que desea emprender una iniciativa como consultor. Las diferencias con relación al trabajo en un puesto funcional más tradicional son grandes, tales como:

1. – La necesidad de estar permanentemente enfocado en proyectos;
2. – La falta de autoridad sobre los miembros del equipo de trabajo;
3. – La expectativa de elaboración continua de informes de seguimiento;
4. – La flexibilidad del trabajo en “casa del cliente”, sin oficina fija;
5. – El cuestionamiento frecuente de los modelos y soluciones aplicadas; y
6. – La necesidad de crear oportunidades, preparar propuestas y vender proyectos.

Aunque mucho se puede aprender en la práctica de los proyectos (“on-the-job”), y sea en gran medida una cuestión de tiempo, creo importante encontrar modelos de referencia adecuados. Es el proceso seguido por los jóvenes consultores que se incorporan en las grandes firmas, recibiendo sesiones de formación específica y las indicaciones de los más veteranos. Son pasos clave para desarrollar habilidades y aumentar la motivación con la nueva profesión.

Por este motivo, aprovecho esta nota para hacer una recomendación a los profesionales que deseen emprender una nueva carrera como consultores: dedicar un poco de atención a los aspectos más específicos de la profesión. Con ello, no solo se sentirán más cómodos en el nuevo rol, sino también aumentarán el valor potencial de su aportación al proyecto del cliente.

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