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Reflexiones, consejos y recomendaciones para ejercer la profesión de consultor

Aprender consultoría: Habilidades que ayudan en tu proyecto profesional

Surgió una duda importante en una sesión de formación reciente, en la que hemos introducido las habilidades del consultor a los alumnos de un postgrado en dirección de empresas e innovación. “Si no quiero ser consultor, ¿para qué sirve este conocimiento?” En el medio de un módulo dedicado a las habilidades directivas en general, tales como el trabajo en equipo, la gestión del tiempo, el liderazgo y el “coaching”, nuestra propuesta de debatir el rol del consultor y sus herramientas básicas les parecía fuera de sintonía.

¿Un error de comunicación, en sí mismo una de las habilidades fundamentales de directivos y consultores? Posiblemente. Mi percepción tan clara de la aplicabilidad de las habilidades del consultor en el día a día de los proyectos, cuenten o no con consultores externos, puede haber sido una de las causas del problema. No he visto la necesidad de profundizar en ello. Será porque en el inicio de mi carrera profesional he sido “consultor interno”, intentando diseñar y gestionar proyectos de cambio multifuncionales en un entorno tradicional, y he tenido la oportunidad de vivir las dificultades en primera persona.

Al hacer mi propia transición hacia la consultoría, tener que opinar en la fábrica del cliente y sugerir cambios en organizaciones que no me afectaban directamente, me di cuenta de que el consultor necesita desarrollar unas habilidades específicas de la profesión. Entre ellas, la estructuración de ideas para definir y proponer un proyecto y el uso de una metodología efectiva, para ayudar al cliente a llevar sus proyectos a cabo. Curiosamente, son habilidades que sirven para cualquier persona que debe promover un proceso de cambio, especialmente si incluye personas fuera de su ámbito directo de influencia. Fuera de su departamento, por ejemplo.

En general, el consultor puede asumir varios roles en un proyecto. El más atractivo (y normalmente mejor retribuido) es similar al del gurú, el experto que aporta ideas con base en su amplia experiencia y sus conocimientos no disponibles en la empresa. Al otro lado de la escala está el consultor que aporta simplemente un recurso adicional al proyecto, un miembro temporal del equipo dedicado a tareas poco críticas de soporte. Es difícil encontrar un modelo estándar de trabajo. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, el consultor ejerce alguna forma de coliderazgo, aportando opiniones cualificadas y ayudando a su cliente a realizar el proyecto de forma efectiva.

En este sentido, dos aspectos fundamentales caracterizan el trabajo del consultor:

1. – No tiene autoridad ni responsabilidad ejecutiva sobre el caso. En concreto, el consultor se enfrenta a restricciones importantes para conseguir el objetivo del proyecto, tales como la falta de poder de decisión para asegurar que se toman las medidas recomendadas, la falta de ascendencia sobre los miembros del equipo del cliente, las limitaciones de recursos propios impuestas por las condiciones del proyecto, etc.

2. – No dispone de mucho tiempo para dar los resultados esperados. De forma muy diferente a un directivo que se incorpora en una nueva posición, el consultor no dispone de los “primeros 100 días” para demostrar su efectividad en el proyecto. Es frecuente que, a partir de la segunda semana de trabajo, el cliente quiera conocer las primeras impresiones y conclusiones del consultor, especialmente en proyectos con mucha visibilidad.

Naturalmente, estas características son también encontradas en muchos roles fuera de la consultoría. Cualquier persona que reciba un encargo de liderar un proyecto fuera de su ámbito directo de responsabilidad, con un plazo muy ajustado (una realidad infelizmente muy frecuente en el mundo empresarial), comparte estas “restricciones” con el consultor típico.

Pues para tener éxito en ello, el consultor desarrolla una serie de habilidades específicas bastante básicas que le permiten ayudar y ejercer influencia desde fuera de la organización. Siempre es útil recordar el mensaje que repito con frecuencia de que, en la práctica, la consultoría es una profesión de documentos, presentaciones y reuniones. Son al mismo tiempo las herramientas de trabajo y los productos de su servicio, los “entregables” en su sentido más tangible. Y es necesario aprender a hacerlos bien.

Reconozco que dos sesiones de media jornada no permiten profundizar mucho en el desarrollo de las habilidades del consultor. Y que no resistir a la tentación de cubrir muchos temas puede generar confusión. Si esto ha pasado en el curso que hemos impartido, solo puedo lamentar y asumir la responsabilidad de no haber sido suficientemente claro. Y reflexionar sobre la mejor forma de hacerlo en el futuro, si surgen nuevas oportunidades similares.

En cualquier caso, debo insistir en la comunicación clara de nuestra visión, con la consciencia de que las habilidades del consultor son muy útiles para un directivo en los días de hoy. El aumento del protagonismo de los proyectos de cambio y mejora es ya un hecho real en muchas organizaciones. Y cada día hay más proyectos multifuncionales, con equipos multiculturales y su ejecución distribuida en diferentes unidades, empresas o hasta mismo países.

En este contexto, son muy pocos los directivos que realmente disponen del nivel de autoridad y responsabilidad exigido para poder llevar todo a cabo por su cuenta. Y es todavía menos frecuente que haya tiempo de sobra, para reconocer con calma el terreno y analizar sus condicionantes reales. Saber actuar como un consultor, sea en un ámbito externo o interno, puede representar una clara ventaja en el desarrollo profesional.

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  1. […] una visión general, el consultor aprende […]

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